La Casita del Infante es un pequeño y acogedor edificio levantado a instancias del rey Carlos III para su hijo, el infante don Gabriel. El arquitecto no podía ser otro que Juan de Villanueva.

Es uno de los modelos más conseguidos que conocemos de comunión entre arquitectura, jardín y entorno paisajístico, y de ello se desprende como primera consecuencia la serenidad y el sosiego que experimenta el visitante.

A esta Casita se la podía llamar de recinto cultural, lugar de ocio y recreo o de «pabellón musical«, puesto que aquí se desarrollaron muchas actividades musicales, patrocinadas por el infante don Gabriel.

El pequeño palacete fue concebido como salón de música de cámara, y bajo su cúpula central se dieron conciertos, aprovechando sus excepcionales condiciones acústicas. Se estrenaron allí algunas obras del jerónimo catalán Padre Antonio Soler, que también fue profesor musical del infante don Gabriel.

Fue un espacio creado para el deleite de la música clásica, con intérpretes que se colocaban en el segundo piso, con los asistentes cómodamente instalados en el primer piso, y con las melodías que se dispersaba por todo el jardín.

El infante Gabriel de Borbón y Sajonia, nacido en 1752, en el palacio de Portici, en Nápoles, fue desde luego el hijo predilecto de Carlos III, que lo amó por su talento y por su discreción. Ya desde niño había respirado un ambiente formativo distinto, habiendo recicido una esmerada educación, particularmente en el terreno musical, en el que desde muy joven mostró especiales afinidades.

La Casita del Infante y sus terrenos fueron cedidos en 1878 a la Escuela de Ingenieros de Montes durante unos años, y esta es la explicación del crecimiento aquí de bellos ejemplares de cedros, pinos, secuoyas, pinsapos y otros tantos árboles autóctonos.

La Casita sufrió un incendio en 1930 y fue restaurada en 1940 por el arquitecto Chueca Goitia. Fue utilizada posteriormente por el entonces príncipe Juan Carlos.

¡Una auténtica maravilla arquitectónica que se revela como una muy agradable sorpresa a quién visita sus requintados jardines de entrada gratuita!

fuente: Rincón Álvarez, Manuel, 2019, «Crónica de San lorenzo de El Escorial. Monasterio, Pueblo, Paisaje», Ediciones La Librería, Madrid